Amaneció con un cielo despejado. Dakota despertó y vio a Irina durmiendo arriba de Alekos. Con cuidado lo bajó, pero él sintió la diferencia de peso y despertó.
—¿Por qué lo dejas dormir así? —lo regañó Dakota.
—Ni hola y ya me regañas —dijo Alekos
—Tienes razón, pero te hice una pregunta.
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