Los días pasaron y todo iba tomando su rumbo. Eliot y Helena se encontraban en Estados Unidos preparando todo para instalarse definitivamente en Tesalónica. Después de analizar sus posibilidades, Eliot aceptó ingresar a trabajar al Corporativo Ravelli en el área internacional; para el corporativo sería una gran adquisición y, además, invertiría su dinero en un proyecto en el sur de Grecia.
Ya habían elegido el lugar donde vivirían: sería en el mismo edificio donde Alekos tenía su penthouse.
Penélope seguía frecuentando a Christopher. Salían a menudo y ya se lo había presentado a sus hijos; los niños pronto le tomaron cariño. El trabajo de Penélope marchaba muy bien: la galería era un éxito y también había conseguido un contrato para ocuparse de la compra de arte para un complejo turístico. Sus sesiones con la doctora Daiana eran cada vez menos frecuentes; ya no quedaba ni sombra de aquella mujer doblegada y humillada por su esposo.
Los gemelos de Dakota y Alekos cumplieron un me