Los cuatro iban sentados en la limusina.A una cuadra de la galería ya podía verse el enorme despliegue de prensa.
Penélope ya había posado y había sido clara: no hablaría de su divorcio. Esa noche era suya, y Charles no volvería a ensombrecerla.
Dentro de la galería, varios invitados la saludaban. Penélope conversó con Calista, Patrick y viejos amigos que hacía años no veía.
La limusina se detuvo. Primero bajaron Eliot y Helena; Penélope los recibió con un abrazo y posaron para las cámaras.
Luego Alekos bajó, rodeó el coche y ayudó a Dakota.Los flashes se dispararon. Era la primera vez que los fotografiaban juntos desde que Alekos anunciara su matrimonio.
La sorpresa fue inmediata: la señora Ravelli estaba embarazada.
—Señor Ravelli, ¿unas palabras? —gritó un periodista.
—Estoy muy feliz de acompañar a mi hermana esta noche —respondió Alekos.
—¿Señora Ravelli, de cuántos meses está?
—Treinta y seis semanas —respondió él, mientras Dakota sonreía con timidez.
—¿Niño o niña?
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