Penélope miraba por la ventana. Le avisaron que habían llegado Patrick y una psicóloga. No quería hablar con ella, pero debía intentarlo; se lo debía a Dakota.
Dakota observaba a la doctora mientras Patrick conversaba con Alekos sobre Stavros.
—Téngale paciencia —le pidió Dakota a la doctora.
—No te preocupes —respondió la doctora Daiana con amabilidad—. Seguramente hoy no hable. La terapia es un proceso largo, así que ambas seremos muy pacientes.
—Debería recomendarnos a alguien… o, si puede usted misma, para que atienda a Dakota —dijo Alekos—. Anoche tuvo pesadillas y, para ser sincero, está algo irritada.
Dakota lo miró sorprendida.
—No tengo problema en atenderla —respondió la doctora—. ¿Te parece más tarde o mañana?
—Gracias —dijo Dakota con una sonrisa.
Teresa acompañó a la doctora hasta el dormitorio donde estaba Penélope.
Mientras tanto, Dakota y Alekos salieron hacia el hospital. El juez los casaría en una sala contigua a la habitación donde se encontraba su