El día siguiente llegó con la misma fría indiferencia que había caracterizado las últimas semanas de la vida de Natalia. La ciudad despertaba lentamente, pero ella, atrapada en sus pensamientos, ya había comenzado a moverse con una determinación renovada. Los ecos de la conversación con Carlos Fernández seguían resonando en su mente, pero lo que más la perturbaba no era el hecho de tener un aliado inesperado en su lucha contra Esteban Montalvo. No. Lo que realmente la inquietaba era la mujer de