48. ÁNGEL
Nunca en mi corta vida había sido alguien propenso a enfermedades o excesivamente impresionable. Mi naturaleza había sido más bien enérgica y mi escepticismo ante lo inexplicable había sido mi mejor escudo. Sin embargo, la súbita aparición de una abuela desconocida y mi llegada a esta casa colmada de misterios y sensaciones inquietantes me habían dejado hecha un manojo de nervios. Mi capacidad de razonamiento estaba siendo sometida a una prueba que sobrepasaba mis límites, y cada crujido de las