34. VISITA
Mi pesadilla era tan real, y angustiosa, que el llanto incontrolable que me había atacado ante la dificultad de alcanzar a aquel hombre desconocido y que era al parecer alguien muy importante de mi vida. En vez de disminuir aumentaba más y más. La persistente voz que me llamaba, y había empezado a sacudirme, al fin a ayudarme a despertar. Dentro de mi inconsciencia algo me decía que si seguía aquella voz, saldría. Por eso luché para seguir esa voz. Unas gotas de agua cayeron en mi rostro hacie