144. MIEDO
La entrada del padre Bartolomé, hizo que desapareciera. Estaba aterrada, abrazada de Tata Julián, que había vuelto a ser anciano. ¿Qué era eso que debía hacer? ¿Qué no le permitía hacer la piel negra de mi Julián?
—¿Pasa algo querida? —preguntó el padre Bartolomé al verme abrazada de Tata Julián, temblorosa.
—No pasa nada, padrecito. —Contestó Julián, solo se asustó con un rayo.
—Hija, si vas a vivir por estos lares, deberás acostumbrarte, pues llueve mucho con truenos y rayos. Ha sido todo un