142. FELICIDAD
Esta vez se quedó mirándome muy fijo, y había lágrimas en los ojos de Tata Julián mientras me miraba con mucho amor.
—Mi Ángel, no se puede negar que usted es la hija de Lucecita, siempre tan amorosa con todos nosotros y hasta me dijo esas mismas palabras que usted acaba de pronunciar. —Dijo tratando de desviar la conversación, porque en realidad quería decirle a las hermanas que lo amaba. Pero recordé lo que me había pedido, por lo que le seguí la conversación.
—¡Ay Tata Julián! Yo crecí en un