139. REFUGIO
Después de pronunciar esas palabras, invitándolos a traer a todos, y ver como me observaban incrédulos cosa que no comprendía los animé.
—¡Vamos! ¿Qué esperan? Vayan por los demás.
Se quedaron con la boca abierta, sin saber qué decirme, hasta que el padre Bartolomé, que había escuchado la última parte de la conversación, los mandó a realizar la tarea, incluso cuando bajaban las escaleras se giraban como si no lo comprendieran. No tuve tiempo de analizar su comportamiento, corrí a mi habitación