Juliana se quedó perdida en sus pensamiento, y Amanda lo notó.
—¿Qué pasa? —preguntó.
Juliana abrió la carpeta y sacó el sobre.
—Sebastián me entregó esto esta mañana.
Amanda tomó el cheque. Sus ojos recorrieron la cifra y, de inmediato, regresaron al principio para contar los ceros.
—¿Doscientos cincuenta mil dólares?
—Baja la voz.
—¡¿Doscientos cincuenta mil dólares?! —repitió en un susurro escandalizado.
—Es mi liquidación por los años que trabajé para los Echeverría.
—¿Una liquidación? Juli