Juliana alzó la mirada y se encontró con los ojos azules más lindos que había visto en su vida. Pertenecían a un hombre alto, de hombros anchos y complexión atlética, vestido con una camiseta gris, pantalones deportivos negros y una mochila colgada de un solo hombro. Su cabello castaño claro conservaba cierto desorden, como si acabara de pasar una mano por él, y la sonrisa con la que le extendía el documento parecía espontánea.
—Gracias.
—No problem. Casi termina abajo —dijo, señalando el final