Juliana salió del dormitorio a la mañana siguiente con la carpeta apretada contra el pecho y la firme intención de abandonar el apartamento antes de que Sebastián despertara. No quería retomar la conversación de la noche anterior, mucho menos escuchar otra disculpa que terminara convertida en una frase desafortunada.
Sin embargo, lo encontró sentado a la mesa del comedor, todavía vestido con la ropa que usaba para dormir y con una taza de café intacta frente a él. Por el cansancio marcado en su