La noche había caído sobre la Villa Echeverría con una tranquilidad que contrastaba demasiado con todo lo que había ocurrido durante los últimos días. Sebastián permanecía recostado en la cama de su habitación, con la mirada perdida en la oscuridad que se extendía más allá de las ventanas, mientras el silencio de aquella casa que siempre había considerado su hogar comenzaba a resultarle más incómodo de lo que quería admitir.
Durante los días que permaneció en el hospital había tenido demasiado