Después de que Sebastián desapareció junto a Héctor, escaleras arriba, acompañado por el personal que se encargaba de ayudarlo a instalarse en su habitación, el silencio que quedó en el salón principal resultó mucho más incómodo que cualquier discusión.
Nadie parecía dispuesto a decirlo en voz alta, pero todos tenían la misma sensación: algo había no encajaba.
La familia Echeverría siempre había funcionado bajo reglas muy claras. Cada persona conocía el lugar que ocupaba dentro de aquella casa