56| Ni un padre ni un hijo.
Cuando doña Keira le dio la noticia, Caleb se quedó paralizado por un momento mirando por la ventana. Las palabras resonaron en su mente por un largo minuto, apretó el celular con tanta fuerza que la pantalla se puso de colores.
— ¿Caleb? — preguntó la mujer — Lo siento, trata de calmarte, llamaré a Harry para que vaya para allá.
— No — murmuró despacio, la voz le salió airosa, no quería llorar — envíame los resultados — y luego cortó la llamada.
Esperó ahí de pie frente a la ventana, inmóvi