Las palabras de Mateo seguían flotando en el aire.
Valeria sentía que su corazón latía tan fuerte que casi podía escucharlo.
—Eso no puede ser verdad… —susurró.
Mateo no apartó la mirada.
—Entiendo que sea difícil de creer.
Santiago cruzó los brazos.
—Difícil no… imposible.
Adrián también parecía confundido.
—El accidente fue real. Hubo informes, testigos… incluso un funeral.
Mateo caminó hacia una de las mesas llenas de papeles y tomó un archivo.
—El accidente fue real —dijo mientras abría la