El vestíbulo del edificio era silencioso.
Demasiado silencioso.
Piso de mármol.
Luces blancas.
Guardias en cada esquina.
Valeria caminó hacia la recepción con paso firme.
—Buenas noches —dijo la recepcionista con una sonrisa profesional.
Antes de que pudiera terminar la frase, Adrián mostró una credencial falsa.
—Reunión con el señor Vega.
La mujer dudó apenas un segundo.
Pero entonces un ascensor se abrió detrás de ellos.
Y una voz conocida habló.
—Déjalos pasar.
Todos se giraron.
Alejandro Ve