La lluvia caía suavemente sobre las calles de Madrid.
El coche se detuvo frente a un edificio elegante en el centro financiero de la ciudad. Vidrio oscuro. Seguridad privada. Lujo silencioso.
Valeria observó el lugar con el corazón acelerado.
—Aquí trabaja Alejandro Vega —dijo Sofía.
Adrián miró el edificio con una mezcla de rabia y sorpresa.
—El padrino de la empresa… el hombre que ayudó a mi padre durante años.
Santiago cruzó los brazos.
—El mismo que financió toda la red.
Valeria respiró pro