—¡Valeria! —gritó Sofía.
El cuerpo de Valeria cayó al suelo sin reaccionar.
Santiago llegó primero.
Se arrodilló a su lado.
—¡Ey, mírame!… ¡Valeria!
No hubo respuesta.
Helena se acercó con rapidez, pero sin perder el control.
—Déjenme.
Se inclinó junto a ella.
Buscó su pulso.
Un segundo.
Dos.
El tiempo se volvió insoportable.
—¿Está…? —susurró Mateo.
Helena cerró los ojos un instante.
Y luego habló:
—Está viva.
El aire regresó a la sala.
Sofía dejó escapar un sollozo.
—Gracias…
Pero Helena no s