Un silencio abrumador invadió el Salón del Concilio. El Mago Zhadli dobló cuidadosamente la hoja que acababa de leer, la guardó de nuevo entre los pliegues de la túnica y se dispuso a esperar pacientemente a que los presentes lograran superar la conmoción. Finalmente, fue Tabar quién decidió preguntar aquello que intrigaba a todos.
—¿Entonces están quienes deben estar en este...Concilio? — el Mago asintió — ¿Cómo lo sabe? No nos conoce, Mago ¿Cómo es posible que sepa nuestros orígenes?
—Los la