BUENAS INTENCIONES
Tabar no entendía lo que pasaba por su cuerpo ni por su mente. Sentía que perdía poco a poco la voluntad de resistirse frente a sus más bajos instintos cuando arrastró a Zarah hacia él, sentándola sobre sus piernas. Al sentir la suave piel dorada rozar contra su cuerpo caliente, supo que estaba perdiendo la cordura. Cada emoción que lo invadía era más intensa que la anterior. El deseo, pero también la frustración, la curiosidad. Y aún así nada de eso le importó al ver que Zarah parecía igual de