Ante la presión por parte de Dmitriy las lágrimas rodaron por las mejillas de Irina, lo odiaba y no lo podía negar, deseaba que sufriera, pero no tenía el valor suficiente para acabar con su vida.
Irina negó moviendo la cabeza, Dmitriy dio un par de pasos adelante quedando demasiado cerca a ella, con la mandíbula tensa y el ceño fruncido castigaba el atrevimiento de aquella mujer.
—No puedo hacerlo, no puedo ser como tú, mereces ser castigado, pero jamás podría acabar con la vida de alguien —ha