De pronto, el silencio fue roto por un sonido tenue, casi imperceptible al inicio. Un latido. Débil, irregular… pero rápido. Demasiado rápido.
Marianne tardó un segundo en comprender lo que estaba escuchando. Cuando lo hizo, el aire regresó a sus pulmones de golpe, como si hubiera estado conteniendo la respiración durante una eternidad.
—Ahí está —dijo la doctora, con voz firme—. El corazón late.
Marianne soltó un suspiro tembloroso.
Sus labios se curvaron en una sonrisa leve, frágil, como si tu