Marianne dio un paso hacia Avana le tomó la mano.
—Vámonos de aquí —le dijo Marianne, su voz fluyendo suavemente como un bálsamo sobre una herida abierta—. Tú y ese bebé merecen un lugar donde no haya gente pequeña como él.
Marianne comenzó a caminar hacia la salida, guiando a Avana con firmeza.
—¡Marianne, vuelve ahora mismo! —rugió Agustín a sus espaldas, su voz quebrándose con desesperación y furia—. ¡Tenemos un acuerdo! ¡Hay firmas, hay compromisos! ¡No puedes hacerme esto!
Marianne no se de