El pasillo del hospital parecía más largo y frío de lo habitual. Afuera del quirófano, el ambiente era pesado, cargado de una tensión que se podía sentir en el aire.
Zacarías caminaba de un lado a otro, incapaz de quedarse quieto, con las manos entrelazadas detrás de la espalda.
Sus pasos resonaban en el suelo de granito, marcando el ritmo de su ansiedad.
A su lado, Elyna se encontraba en un estado de desesperación similar; se frotaba las manos constantemente y miraba hacia las puertas batiente