Álvaro, con el rostro transformado por una furia protectora que nunca había mostrado, dio un paso al frente. No hubo vacilación en sus movimientos.
Sus hombros, anchos y firmes bajo el traje de seda italiana, se tensaron antes de lanzar un puñetazo devastador que impactó directamente en la mandíbula de Agustín Miles.
El sonido del golpe fue seco, sordo, y provocó un jadeo colectivo entre los invitados de la alta sociedad.
Agustín, el hombre que minutos antes se creía el dueño de la verdad y el d