Rompieron el beso y se miraron a los ojos, como si el tiempo hubiera decidido detenerse a su alrededor. La respiración de ambos era un eco compartido, agitada, cargada de incertidumbre y deseo.
Daniel sintió cómo su corazón se aceleraba, como si quisiera saltar de su pecho, mientras las manos de Marianne descansaban suavemente sobre las suyas.
—Marianne… —comenzó él con voz temblorosa—. Perdóname…
Ella negó con la cabeza, dejando escapar una risa suave, mezclada con nerviosismo y ternura.
—Yo… t