La atmósfera en la Galería de Nubes se volvió tan pesada que parecía que el oxígeno se agotaba.
Agustín Miles, con los puños apretados hasta que los nudillos se tornaron blancos, no podía dar crédito a lo que sus ojos veían.
El odio y el deseo bailaban en sus pupilas mientras observaba a Álvaro Delmar proteger a la mujer que él mismo había desechado como si fuera basura.
—Delmar, no te metas en esto —gruñó Agustín—. Es un asunto personal con esta mujer. Ella no pertenece a este círculo.
—Te equi