Una pesadilla.
Narra Camille:
Aquella noche era tranquila, y yo todavía siento como un eco persistente en mi piel, el calor de la luz de la tarde filtrándose a través de las hojas de los árboles en el jardín. Cada vez que cierro los ojos, la imagen regresa; Raphael, con los hombros relajados y una sonrisa que rara vez muestra al mundo, sosteniendo a aquel pequeño huérfano con una naturalidad que me dejó sin aliento.
“Te ves hermosa siendo madre”, me dijo.
Sus palabras siguen repitiéndose en mi mente como una