Los hilos de una telaraña. Parte 2.
La sirvienta dudó, apretando las manos contra su delantal.
—Están pasando cosas extrañas, mi señor. Demasiadas para ser coincidencia. — ella mencionó nerviosa, y la vi apretando con sus manos viejas la falda de su uniforme de servicio, con el nerviosismo de alguien que ha visto demasiado…y que ha callado.
—¿A qué te refieres? — cuestioné.
—La joven sirvienta. La que desapareció hace ya varios días. — dijo, y sentí su voz bajando a un nivel casi inaudible. — Dicen que se fue con un lobo de otra