Cuando se pierde la luz.
Narra Vincent:
El silencio en la recámara de mi madre no era el silencio del descanso; era un silencio espeso, una calma asfixiante que se adhería a las paredes, a los muebles tallados y a mi propia piel. Llevaba tres días sentado en la misma silla de madera, observando cómo la mujer que había sido el pilar de mi existencia, la mujer que había criado al Alfa que yo estaba destinado a ser, se desvanecía ante mis ojos cada vez más debilitada.
Faela Moreau. La Luna de mi padre, la mujer que nunca