Tan solo mías.
Narra Vincent:
El crujido de las hojas secas fuera de mi ventana, me puso en alerta antes de que el aroma a tierra húmeda y pelaje delatara su presencia. Mis tres esbirros estaban de vuelta, y a diferencia de los guerreros comunes de la manada, estos seres apenas conservaban un rastro de humanidad; eran criaturas toscas, más parecidas a los lobos salvajes del bosque profundo que a hombres capaces de caminar erguidos, pero su instinto para el rastreo y el espionaje era infalible, además, su leal