La sangre de la familia.
Narra Juliette:
El frío de los pasillos de piedra de la mansión Moreau no se comparaba con la gélida indiferencia con la que sus habitantes me miraban a cada paso que daba. Caminaba con la barbilla en alto, forzando la elegancia y distinción que mi apellido Auclair me exigía, pero por dentro, la humillación quemaba mis entrañas.
No me sentía bien recibida en los territorios de esta manada; desde que llegué las miradas de los lobos y las mujeres, eran de abierta desconfianza, y el aire que se re