La mujer a la que más deseaba destruir.
Narra Juliette:
Todo en la mansión Moreau permanecía en un frio silencio.
El encaje negro de mi vestido de luto parecía una segunda piel; una armadura elegante que ocultaba la vorágine de satisfacción que se arremolinaba en mi pecho. Caminé por los pasillos de la mansión Moreau con una lentitud medida, disfrutando de cada detalle de la escena que mi tía Brielle y yo habíamos orquestado a la perfección.
La mansión, que antes vibraba con una eficiencia militar, ahora estaba sumida en el silencio