Punto de vista de Elena
En ese momento, el coche pareció encogerse a nuestro alrededor, como si él mismo estuviera reaccionando a lo que acababa de decir.
Mason apretó con fuerza el volante, hasta que se le pusieron blancos los nudillos. Sus ojos se clavaron en los míos, buscando una broma, una evasiva, una mentira en lo que acababa de decir.
Suspiró profundamente cuando, tras un minuto de búsqueda, quedó claro que no había encontrado nada.
Abrió la boca para hablar, pero, por primera vez desde