Sintió unas enormes ganas de llorar porque recordó cuando el alfa hizo lo mismo en su primer mes juntos y lo abrazó con fuerza, ocultando el rostro en su cuello. Era todo exactamente igual.
—¿No te gusta? —inquirió, y la dejó en el piso—. Puedo quitar todo eso.
—No, no. —Se limpió las mejillas—. Está muy bonito. Muchas gracias.
—Es poco de lo que tengo planeado para ti. —Zair le mostró otra sonrisa—. Camina delante de mí. En unos minutos la cena estará aquí.
—Esto es muy raro —opinó ella con u