Capítulo 28. Una promesa y una sorpresa
Marianna se negaba a hablar con su padre, Marcos la había ido a visitar al día siguiente de su partida. La niña bajó a verlo por insistencia de su abuela, pero se sentó en el salón y ni siquiera lo miró.
―Hola, hija, ¿cómo te fue hoy en el colegio? ―intentó Marcos, con la voz cargada de esperanza.
Marianna miraba por la ventana, Marcos sintió el peso del silencio. Hablarle a su hija era como hablar con una pared.
―¿Quieres ir por un helado? ― propuso, esperanzado de que aceptara. Compartir un h