BLAIR
Confiar en un desconocido era complicado, pero mentiría si dijera que eso era lo único que ocupaba mi mente.
Los niños se despertaron y me puse a jugar con ellos. Eran chicos muy entretenidos y curiosos que no temieron preguntar si sería la esposa de su «tío Dom», a lo que tuve que dar algunas evasivas.
Dominik llegó a eso de las seis, se veía normal, y cenamos con calma. Tras la cena jugué un rato con Ray y sus «amiguitos», pero al ver de nuevo el ambiente sentí una pesadez enorme en el