BLAIR
—Quítate la camisa y la chaqueta, haré que las laven.
—No te preocupes, puedo llevarlas a la tintorería.
Por suerte no le había caído nada en los pantalones, o sería más complicado. Subimos hasta mi cuarto, y al pasar me di cuenta de que observó el lugar con calma.
—No es nada del otro mundo… no he tenido tiempo de volver a hacerlo mío.
Él sonrió.
—Pero se ve la historia de tu vida aquí. —Señaló un estante con algunos peluches a un lado y sonrió.
—Fueron regalos de mis padres. Son especia