Punto de vista de Camille
El auto negro avanzaba entre la neblina matinal, con los neumáticos murmurando sobre el asfalto mojado. Miré por la ventana, viendo los árboles esfumarse en una bruma gris. Victoria estaba a mi lado, con el rostro impasible, aunque sus dedos marcaban un ritmo nervioso sobre su bolso de cuero.
—¿A dónde vamos? —pregunté, rompiendo el silencio que se había impuesto entre nosotras desde que dejamos la mansión hace media hora. Los papeles que me convertían oficialmente en Camille Kane se habían firmado, con la tinta aún fresca.
Los ojos de Victoria siguieron fijos en el paisaje. —A encontrarnos con alguien importante.
El auto giró hacia un camino estrecho bordeado por altas rejas de hierro y muros de piedra; un cementerio. Sentí el estómago encogerse.
—¿Sophia? —susurré.
Victoria asintió una sola vez, rápidamente, como sintiendo un gran dolor. —Hoy se cumplen diez años desde que la perdí.
El cementerio estaba vacío, sin visitantes, protegido por guardias que nos s