Punto de vista de CamilleLa casa estaba silenciosa, demasiado silenciosa. Entré por la puerta lateral, cerrándola suavemente tras de mí. El aire olía a cera de limón y rosas, como siempre. Regresar se sentía raro, como si estuviera entrando en la vida de otra persona.La cocina estaba oscura, salvo por el tenue resplandor de la luz del refrigerador. Subí las escaleras con cuidado, evitando el tercer escalón que siempre crujía, pero cada sonido que hacía resonaba con fuerza, era como si la casa misma me escuchara.Al llegar a la puerta de mi habitación, me detuve. Estaba entreabierta, tal como la había dejado hacía tres años. Respiré hondo, entré y cerré la puerta.Mi habitación de la infancia no había cambiado en tres años; tenía las mismas paredes color rosa pálido, los mismos muebles blancos, la misma colección de trofeos de segundo lugar. Los trofeos de primer lugar de Rose solían brillar en la habitación contigua.Me quedé mirando mi reflejo en el tocador, el mismo donde había pra
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