Punto de vista de Stefan
El bourbon quemaba mi garganta, un fuego bienvenido contra el frío vacío que se extendía por mi pecho. Le hice señas al camarero para que me diera otro trago. ¿El cuarto? ¿Quinto? Había perdido la cuenta hacía horas.
—¿Estás seguro de eso, amigo? —preguntó, mirando los vasos vacíos.
—Sólo sirve la maldita copa —gruñí.
El alcohol no podía ahogar las palabras que me atormentaron todo el día: Martin Greene leyendo el testamento de Camille, su mensaje final cortándome como una espada.
"A mi exesposo, Stefan Rodriguez, le devuelvo el anillo de compromiso que perteneció a su abuela, con la esperanza de que la próxima vez que lo regale, sea con honestidad y verdadera devoción".
El anillo pesaba en mi bolsillo, recuperado de la caja de seguridad esa mañana. El anillo de mi abuela Rosa que tres generaciones de mujeres Rodriguez habían llevado antes de que yo lo pusiera en el dedo de Camille, prometiendo un para siempre con palabras que se volvieron cenizas en mi boca.
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