163. El origen del veneno.
Aquella posibilidad abrió un nuevo panorama en mi cabeza; ya por mí tan espléndida e incluso pude sentir un poco de mareo. Me paré del mueble enseguida dando un salto mientras caminaba hacia donde estaba el tablero de las cosas que la muchacha me estaba explicando.
— ¿Crees que a eso…? — le pregunté.
Ella, un poco apenada, agachó la mirada.
— Bueno, no quiero que pienses mal de mí, pero sé quién eres. La verdad… dormí muchísimo, investigaciones del cerebro humano… ha sido espléndido. Aunque,