142. Promesas en la Carretera
Me negaba absolutamente a aceptarlo. Así que, ahí en medio de la carretera, prácticamente salté sobre los brazos de Santiago.
— No — le dije con rabia — , no puedes hacer mes. Si vamos a ir, nos iremos todos. Quedarte aquí es un riesgo muy grande.
Pero él me tomó por los hombros y me apartó para que lo mirara directo a la cara.
— Creo que es lo que tenemos que hacer — me dijo — . Piénsalo bien: si no estamos juntos no va a cumplirse aquella visión del futuro. Tenemos que encontrar la forma