141. Siempre observados.
Santiago se quitó también el cinturón de seguridad, pero yo lo sujeté fuertemente por la muñeca.
— No — le expliqué — , no vayas, puede ser una trampa.
— Tranquila — me dijo — . Necesitamos estar allá, hay que ver quién es y si podemos sacar la información, o si está demasiado herido hay que ayudarlo. Tampoco somos unos monstruos.
Entonces yo también solté mi cinturón de seguridad.
— Yo voy a ir — dije.
Sabía que no habría una negativa por su parte, así que permitió que me bajara también.