135. La caída.
Cuando levanté la cabeza para intentar mirar el rastro de Santiago, pude ver que su cara estaba vacía; no tenía ojos ni nariz ni boca, era como si la piel de su frente se extendiera hacia su mentón. Di un salto hacia atrás, horrorizada, a pesar de que sabía que todo aquello era una visión y que no era real. No pude evitar sentirme agobiada por aquella visión. Suspiré profundo para intentar calmarme, mi corazón latió con fuerza.
Y entonces la visión de la sala cambió.
Me encontraba en un edifici