Cap. 226: Una esposa fugitiva. Un abogado prohibido.
Cap. 37: ¿Me reconoció?
Aria lo sintió antes de verlo. Esa punzada helada en la nuca. Esa vibración en el pecho que solo provocaba él. Richard.
Levantó la mirada. Estaba a unos metros, de pie junto a una de las columnas del salón, vestido con elegancia, con los ojos clavados en ella.
Su mirada la taladró.
El corazón de Aria se desbocó. Sus dedos temblaron sobre la copa que sostenía.
—Nos está mirando —susurró, apenas moviendo los labios.
Richard entrecerró los ojos.
«Ese maldito de Montgomery