Sudor, climax y rienda suelta.
El aire en la habitación estaba saturado de deseo, espeso como humo, caliente como un incendio recién desatado. Julie, arrodillada frente a él, lo miraba desde abajo con los ojos verdes encendidos por una lujuria que la desbordaba. Sus labios estaban entreabiertos, y su lengua húmeda ya esperaba, ansiosa, lo que Ryan no tardó en ofrecerle.
Él dio un paso hacia ella, lento, con la respiración agitada y los músculos tensos. Su erección era imponente, gruesa, palpitante, y brillaba bajo la luz cál