La habitación estaba envuelta en una tenue penumbra, iluminada únicamente por la cálida luz ámbar de la lámpara sobre la cómoda. El eco lejano de la música del salón aún retumbaba en las paredes. Ryan dejó su copa de vino sobre la mesa de centro y se removió el saco con desdén.
—¿Jugamos algo? —preguntó con una sonrisa ladeada, sus ojos fijos en ella como si la partida ya hubiera comenzado.
Julie arqueó una ceja y bebió un sorbo más de vino. El rojo del Burdeos brillaba entre sus labios carnoso